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La Fira de Tots Sants de Cocentaina: tradicion, historia y cultura de un pueblo del interior de las montañas de Alicante
Ref.: 279
Área temática:
03 Integridad visual de los paisajes urbanos históricos
Fecha de recepción:
23/11/2008
AUTORES (* Autor principal)
FERRER MARSET, PERE
* (España)
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CENTRE D'ESTUDIS CONTESTANS
ABSTRACT
Cocentaina, capital de la comarca histórica del Comtat, es una villa de la Comunidad Valenciana que está situada en los límites entre las
provincias de Alicante y Valencia.
Su origen es remoto, perdiéndose en la noche de los tiempos y adentrándose en la leyenda.
Los contestanos, gentilicio de sus habitantes, parecen devenir de la antigua Contestania ibérica, de la que su término municipal conserva
importantes testimonios.
Por su ubicación natural, Cocentaina es encrucijada de caminos y punto estratégico, lo que llevó a los
primeros musulmanes a fundar un importante centro urbano, Qustantaniya, que regentó la dirección de un "amal" que abarcaba todo el
interior montañoso de la actual provincia de Alicante.
Con la llegada de los cristianos en 1245, la Qustantaniya musulmana dio
lugar a la primitiva Cocentayna cristiana, levantándose un nuevo centro urbano de planta hipodámica rodeado de una importante muralla
defendida por catorce torres, a la que llegaron numerosos colonos procedentes de la antigua Corona de Aragón, concediendo el Rey su
señorío al almirante Roger de Lauria en 1291. La villa cristiana pronto se convirtió en el centro urbano más importante entre Xàtiva y
Alicante, situación ésta que llevó consigo la construcción de grandes edificios públicos, militares y religiosos, de los que actualmente se
conservan varios testimonios.
Si importante era Cocentaina, también lo fue el privilegio concedido el año 1346 por el rey Pedro IV
para celebrar anualmente una feria durante quince días, que ha perdurado a lo largo de más de seiscientos años, convirtiendo cada año
esta villa, durante los últimos días de octubre y primeros de noviembre, en un centro de referencia y peregrinaje de miles de agricultores
llegados de distintas partes.
Esta feria, desde sus orígenes hasta la década de 1960, fue un importante mercado de animales de
labor y de aperos agrícolas. Reatas inmensas de animales se desplazaban a este lugar para venderse o cambiar de dueño. Aquellos
animales han dado paso hoy en día a una extensa y novedosa exposición en la que se pueden ver los últimos y más modernos vehículos
agrícolas y automóviles, sin que por ello se hayan abandonado las referencias tradicionales con la presencia de los animales.
Este evento es un reclamo comercial al que acuden centenares de vendedores de toda clase de artículos que llenan la gran
mayoría de calles del casco antiguo de la villa. Diferentes artesanos, mercados medievales, zoco islámico, representaciones teatrales,
exposiciones, certámenes, actuaciones y desfiles de carácter medieval por las calles de la feria, etc., componen todo un evento festivo-
cultural de primer orden en el que toda la población y sus más de quinientos mil visitantes se ven inmersos en un catarsis excitante, que
se incrementa al respirar mil olores diferentes procedentes de gustosos platos tradicionales cocinados en plena valle que se mezclan con
aromas y perfumes como el jazmín, el sándalo o la canela de los puestos de la feria.
Toda esta atracción, que por sí sola ya
merece la calificación de la feria tradicional más importante de España, todavía se ve aumentada con la existencia en Cocentaina de un
patrimonio histórico-artístico que el visitante puede contemplar y admirar, como son la iglesia de Santa María (s. XVII-XVIII), la de El
Salvador (s. XVI-XVII), el Palacio de los Condes de Cocentaina (s. XIII-XVI), el monaterio de las clarisas (s. XVII) en el que se conserva
una importante colección de pintura barroca italiana, el convento de San Sebastián (s. XVI-XVIII), las ermitas de San Cristóbal (s. XV) y de
Santa Bárbara (s. XIII), el trazado urbano del antiguo arrabal musulmán, museos de arqueología, etnología, de las fiestas de Moros y
Cristianos, de arte sacro, murales cerámicos de carácter devocional en las fachadas de casas (s. XVIII), torres de la antigua muralla del s.
XIII, etc., hace que los visitantes se trasladen por momentos a tiempos pasados, disfrutando de todo un pueblo y una feria, en la que el
bagaje cultural, festivo, paisajístico, tradicional, urbano, gastronómico y, sobretodo, el calor humano que se vive y se desprende en cada
uno de sus rincones, convierten este evento en una apoteosis de diversión, cultura, color y humanidad que genera un movimiento de
masas sin parangón en todo el territorio nacional.
BIBLIOGRAFÍA
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